Brave Murder Day: 30 años de melancolía cruda (o las elucubraciones de un cuarentón en la era del TikTok)

¿Qué mejor forma de inaugurar esto —entiéndase este proyecto personal de vomitar en texto lo que me ronda por la cabeza— que con el aniversario de un álbum que me fascina? Hoy, precisamente, se cumplen 30 años de su lanzamiento, y me parece lo más apropiado soltar un par de líneas sobre el glorioso Brave Murder Day de Katatonia.

No voy a ponerme a repetir lo que quizás mil canales de YouTube ya han dicho de formas mucho más llamativas, dinámicas y fáciles de digerir. Es más, soy consciente de que llego como veinticinco años tarde al fenómeno de los blogs. En la era actual, todo el mundo consume videoblogs o contenido instantáneo repleto de datos curiosos, diseñado a la medida de una audiencia con tiempo escaso y una capacidad de atención aún más corta: de esa que no tolera nada que tome más de cinco minutos. Además, siendo realistas, dudo que haya multitudes haciendo fila para leer las divagaciones de un cuarentón en internet.

Pero en fin, habiendo dejado en claro mi absoluto desinterés por el algoritmo, al grano.

Este álbum vio la luz el 1 de agosto de 1996 bajo el liderazgo de Jonas Renkse y Anders Nyström, ambos impulsados por una fuerte herencia e influencia blacker. Tras un año de pausa, decidieron reunirse para dar vida a este trabajo por insistencia de Anders. Esas raíces de black metal se tradujeron directamente en la identidad del disco; y aunque no sea un black puro y muchos se empeñen en calificarlo como algo con «tintes góticos», para mí es doom en su estado más puro, denso y crudo.

Un detalle casi cómico y sumamente interesante de la historia es que Jonas estaba atravesando serios problemas en las cuerdas vocales —lo que suele ocurrir cuando te lanzas a desgarrar la garganta sin una buena técnica de guturales—. Por eso, las voces guturales del álbum corrieron a cargo, magistralmente, de un joven Mikael Åkerfeldt (grábense bien este nombre, porque lo van a leer hasta el cansancio en este sitio), quien por aquel entonces acababa de terminar de grabar el Morningrise con su banda, Opeth.

Habiendo repasado cómo se gestó esta criatura y quiénes fueron sus arquitectos principales, pasemos al sonido. Como mencionaba, el álbum destila un doom/death metal espeso. Hay una atmósfera de desesperación sofocante y una especie de monotonía hipnótica que te embruja, justo hasta que Mikael interrumpe con esos guturales que, incluso a 30 años de distancia, siguen sonando colosales. El disco presume de cortes con matices progresivos y una melancolía que se te instala en lo más profundo. Las letras abordan el aislamiento, el deseo, la muerte, el desgaste interno y la pérdida paulatina de la cordura entre grietas de enfermedad mental (muy al estilo Silent Hill 2, si me lo preguntan a mí).

Esta es mi copia del álbum, tuve la fortuna que me la autografiara Mikael, y este es un parche que tengo pendiente ponerlo en mi battle jacket

Por supuesto, así como tiene virtudes monumentalmente grandes, también tiene sus imperfecciones, pero creo que son totalmente comprensibles: Katatonia todavía no había terminado de moldear su identidad definitiva, algo que quedó en evidencia con sus giros estilísticos posteriores. Sin embargo, en retrospectiva, puedo afirmar que este álbum es una joya única. Una que, en mi opinión, ha sido injustamente sepultada incluso por la propia banda. He visto entrevistas y videos de Jonas celebrando con bombos y platillos los 10 años de The Fall of Hearts —que no me malinterpreten, es un gran disco—, pero se les olvida un pequeño detalle: sin la fragua de Brave Murder Day, simplemente jamás habrían llegado a ese ni a ningún otro lugar.

Si de verdad no le vas a tener la paciencia necesaria para escucharlo de principio a fin (cosa que lamentaría), estos son los temas que considero de escucha obligatoria:

  • Day
  • Murder
  • Rainroom

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